sábado, 19 de noviembre de 2011

Crónicas de una escritora sin palabras.

Érase una vez una historia que no quería ser narrada, junto con miles de palabras camufladas entre los sueños y la realidad. Cuando te acostumbras a vaciar tu corazón con las palabras, ¿qué medidas tomas si éstas no desean salir?

Se siente como un rompecabeza que no se arma, bien podría tirar las piezas en la caja e intentar con otro, pero... ¿y si es el único que tengo? Mirar las nubes, suspirar, sollozar un rato, abrazarme a mí misma. Nada, ¡nada servía! Me sentía hueca, no soy nada sin mis palabras, sin mis escritos e historias. No soy más que una escritora amateur, y si lo hago mal, entonces... ¿no soy nada? Sólo soy la dueña de unos ojos carmesís ardiendo de tanto llorar, ya que no hay otra forma de dejar volar mis sentimientos.

Pero... ¿qué son mis escritos? ¿No es con ellos que logro pintar lo que siento, usando mis palabras, mis frases, como una brocha? Y es que leo lo que escribo y... ¡estoy escribiendo! No como antes, pero el tiempo nos hace cambiar, para bien o para mal, pero no podemos evitar esos cambios, y debo readaptarme a ellos para sacar lo mejor de mí misma.

Y ahora... érase una vez una tormenta emocional que ha comenzado a entremezclarse con la radiante luz de una sonrisa, haciendo que entre agua y destellos, nazca lo que pensé había muerto.


Jueves, 6 de enero de 2011. VELASCO, Ana.

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