Entre lágrimas y principios, nos encontramos con un cúmulo de pensamientos. Lo que queremos que pase, lo que sabemos que pasará, y lo que no podemos evitar que suceda.
En mis turbulentos 18, he vivido situaciones extrañas, algo extravagantes. He sentido que toco la gloria gracias a la satisfacción de mis logros, así como siento que la realidad me estampa contra el suelo.
Hay una cosa la cual he aprendido: a que sí puedo superar al dolor, y que este se cansa de estar dentro de mí y en algún momento de mi vida, se va.
Estas últimas semanas, he sentido mucha decepción: hacia mí misma, hacia las personas que me rodean, hacia mi entorno. Me sentía algo inútil, un poco torpe, y que solo estaba perdiendo mi tiempo esforzándome en algo que nadie podía ver. Y me di cuenta de que estaba actuando por los demás. Me esforzaba por los demás, me enorgullecía de mí misma por los demás. Y no se sentía nada bien.
Ahora, estoy trabajando en pro a lo que yo deseo, lo que yo siento, lo que sé que está bien y me hará sentir mejor. Pero sobre todo, pensando en mí.
He aprendido que no importa que los demás no demuestren aprecio o estima hacia lo que yo hago, yo no dejaré de esforzarme. No dejaré de ser esa persona que siempre sonríe ante los demás. No dejaré de abrazar, de tomar las manos, de reír de forma escandalosa. No dejaré de decir estupideces, porque entre esas estupideces se esconde mucha picardía. No dejaré de bailar, saltar, gritar. No dejaré de ser Ana.
"Podrán romperme el corazón mil veces, no importa. Porque esas grietas que se van acumulando, hace que el calor humano llegue más adentro. Y eso, me hace ser una mejor persona."
Mantengo mi esencia, sigo sonriendo, y procuraré que nadie tenga un recuerdo mío, donde el desprecio sea mi característica predominante. Lloro, sollozo, escribo y me quiebro, porque no quiero que ni una gota de resentimiento se mantenga dentro de mí. Y me di cuenta de que eso no era debilidad. Eso es empatía y valor. Valor de disculpar, el valor de no estancarse, el valor de verme a mí y darme cuenta de que detrás, hay personas que podrían ser heridas por mis actos.
Yo, seguiré tomando refresco, comiendo chocolates, acomodando medicinas y analizando publicidades. Porque sé, que más allá de eso, hay una sonrisa en mí que desea salir y relucir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario