miércoles, 28 de noviembre de 2012

Te amo.


Solamente espero que nunca leas esto, porque no te quiero dañar con algún sentimiento mío.

Incontables las veces que te he pensado. Siempre termino preocupándome por ti, porque te quiero. Porque deseo que estés bien.

Siempre, antes de dormir, miro un rato al techo para pensar. Pienso muchísimas cosas. Mis sueños, mis metas, mis imperfecciones, en la persona de la que estoy enamorada, en lo que me hace daño y lo que me calma. Pienso en ti. Pienso en lo doloroso que es el estar llorando, con el alma partida y sin tener tu consuelo.

Siempre me sentí un poco ridícula hablando de ti, dándote aires de ser la persona que más quiero. Nunca he mentido mientras hablo sobre ti.

He ido cayendo de a poquito en una rutina. Una rutina que siendo honesta, me está comiendo la vida. Siento que hago todo por inercia, y cuando tú sanabas mis heridas, no sabía lo que era la costumbre.

Nunca he sido lo suficientemente tonta como para pensar que las amistades se mantienen intactas. Siempre he sabido que las personas van y vienen, aunque sea doloroso. Hasta que aprendí a quererte y respetar aquello que teníamos. Ahí, supe que mi vida no sería lo mismo, si tú no estabas.

Nadie me hacía, ni me hace sentir como tú. Tú me hacías sentir que era inocente, que no tenía la culpa de nada. Que yo era fuerte, hermosa. Que podía con todo.

Aún lo soy, aún puedo. Pero ¿sin ti? Ya ni tanto…

Te dejé ir, porque he aprendido que quien te quiere, vuelve. Y si no estás aquí es porque quizás estés mejor sin mí. Y yo solamente anhelo tu bienestar, aunque me duela tanto.

Aunque me duela tanto, te dejaré libre. Haciéndote saber que te amo, y que siempre te recordaré con todo mi cariño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario