viernes, 23 de noviembre de 2012

Una sutil confesión.

Por un segundo, el mundo se detuvo en sus ojos. Hacía mucho tiempo que anhelaba verlos y sentirse amada. Era un precioso día de verano, donde la ciudad se teñía de colores vivos. Y lo tenía a él. Sí, él, quien la salvó de esa tortura que la asfixiaba, esa tortura llamada “vida”.

Su vida fue un caos. Cuando no lo resistió más, él la salvó en tantos sentidos que al recordarlo, su pecho se llenaba de amor. Lo miró, y susurró con algo de vergüenza:

− Karasu, te amo.

Él, sin voltear a verla, sonrió. Porque también la amaba...

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