Sutilmente enamorada.
Dolorosamente… enamorada.
Entregada. Me siento entregada a ti con cada latido. Los segundos marcan cada suspiro que van buscándote sin un camino fijo. Miro al cielo, que llueve con furia, dejando que este gran desasosiego me bañe. Como cuando tus besos me llenaban de amor.
Intento escapar de tanta confusión. ¿Es que puedo huir de ti? ¿Puedo dejar de quererte?
No.
Yo no quiero ver las horas pasar y no sentir, mi sangre arder por ti. No quiero besar otros labios y sentir que nada me sabe a ti. No quiero nada, que no seas tú.
No quiero olvidarte, porque me doy la oportunidad de creer, que piensas en mí. Porque, aunque sea mentira, se me hincha el pecho de gusto al creer que aún me quieres.
Cuatro pasos, cuatro movimientos.
Iba a ti, sin cautela, tomando posesión de tus labios. Me encantaba besarte y perderme un rato ahí, en tu boca. No tenía escapatoria, era prisionera de este vicio. Y ahora que soy libre, no tengo un rumbo. Quiero dejar mi libertad de lado, por volver a ti.
Uno, dos, tres, cuatro besos. Vuelve a mí. ¿A qué le temes más? ¿A la incertidumbre, o a la soledad?
Lágrimas. Llanto a causa del desasosiego que me produce tu ausencia. Y me pregunto si volveré a estar contigo. Nunca lo hice. Siempre me dije que no volvería a ti, y luego, que iría a enamorarte otra vez. Pero ¿estarás ahí cuando te entregue mi corazón? Y si lo estás, ¿lo aceptarías?
¿Aceptarías mi corazón, una vez más?

No hay comentarios:
Publicar un comentario