lunes, 18 de febrero de 2013

La estrella de San Valentín.

Siempre he sido una persona bastante aferrada a lo realista. A la adaptación natural de lo que pasa y podría pasar. A aceptar lo que sucedió y sacar de todo, algo meramente positivo. Pero… sin negar que soy una romántica empedernida de primera.

El primer beso, las miradas furtivas, el perfume envolviendo y uniendo nuevos lazos. Cada nuevo amor es tan o más especial que el anterior. No importa cuánto crezca, siempre tendré un alma virgen a nuevos romances.

Pero eso no funciona en este mundo lleno de crueles ideales y sueños egoístas. Así que, mantengo escondida esa faceta mía. Y sale a relucir cuando siento que es oportuno. Como cuando escribo.

No es secreto para nadie mi obsesión a las cartas de amor. Son joyas, piedras preciosas para mí. Combinan lo más puro y honesto de las emociones y vemos el resultado en una hoja de papel, o cualquier otro formato. Ya son varias las cartas que he enviado, llenas de todo mi amor, poniéndoles todo mi corazón. Nunca he recibido respuesta.

Hasta el día de hoy, que extrañamente desvié la mirada hacia las estrellas del norte, ellas me decían que algo especial sucedería esta noche. Y así fue.

Recibí una carta que en algún momento anhelé, pero jamás esperé. Como toda buena lectora, la apreté contra mi pecho, intentando que mi corazón adivinara lo que ella contiene. Luego, la olí… Supe que era de un hombre, al parecer enamorado. La carta emanaba un perfume bastante exquisito. Pensé en lo predecible que son los hombres.

Me senté y sentí cómo dos partes de mí se disputaban. Una parte me decía que esperara, que disgustara las palabras lentamente; otra, me decía que devorara la carta de un sopetón. Opté por leerla sin prisa y sin pausas.

“Una vez leí que las cosas buenas llegan cuando menos lo esperas, pero también leí que hay que buscarlas. Llegué a la conclusión que son ambas, pues eso hice contigo. No sé qué me impulsó a buscarte, pero agradezco que eso pasara, agradezco a los impulsos de idiotez que resultan en algo bueno pues es cierto que lo no planeado sale mejor.”

Cerré la carta, y sonreí para mis adentros. ¿Eso era todo lo que decía la carta? No, habían muchos más sentimientos reencontrados, pero una mujer no revelaría tales detalles. 

Lo que sí puedo decir, es que estoy completamente segura de haberme enamorado… 

...con la certeza de que él me ama también.

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