sábado, 3 de agosto de 2013

Hombres.

Hombres… Si hay algo que me guste más que escribir, son los hombres.

Son tantas las cosas que me gustan de un hombre, que no encuentro un orden correcto para comenzar a nombrarlas.

Me gustan los hombres que sonríen. Me gusta ver a un hombre cuando está con sus amigos, riendo, bromeando sobre cosas que no entiendo. Qué más da si entre líneas, hablan sobre mí. Nunca le doy importancia, yo sólo escucho sus risas y me quedo anonada. No hay nada más agradable que la sonrisa espontánea de un hombre.

Me gustan los hombres que hablan. Se expresan, piden opiniones, tienen miedos, inseguridades, no quieren fallar aunque la vida les tiente a desviarse. Comentan sobre su vida, sus gustos, sus planes para el futuro, que temen sea incierto. Me gusta cuando me ven a mí, como una amiga.

Me gustan los hombres que perdonan. No se dejan envenenar por vivencias pasadas. No importa qué o quién haya hecho añicos algo importante para ellos; ellos no cambiarían sus principios por un error en su vida.

Me gustan los hombres inteligentes. Los que se divierten jugando al profesor, siempre tienen algo para enseñar, con voz cálida, pero firme. Los que pueden conocer el universo entero, y te hacen amar todo lo que saben.

Me gustan los hombres que se enamoran. Sus ojos brillantes, la manera en la que se entregan, cómo buscan hacer feliz a la persona que aman. Los detalles, los recuerdos, cada momento para ellos, es algo glorioso.

Me gustan los hombres atrevidos. No temen a nada, miran con descaro lo que les gusta, buscan lo que quieren, luchan por mantener vivo lo que les pertenece. Que ninguna mujer se libre de un beso de alguno de estos señores.

Me gustan los profesores que me enseñan, los amigos que me apoyan, los desconocidos que me miran. Mi padre que me guarda, mis hermanos que me cuidan, mi novio que me ama.

Pero si hay algo que me guste más aún que los hombres,… es enamorarme de uno.

Enamorarme de sus ojos, pícaros, ávidos, un poco tímidos. Pensar constantemente en esos labios que, me desvelan cada noche. Sus manos cariñosas y traviesas, su espalda que busca un poco de mi descarado amor. Sus piernas que se vuelven mi mejor asiento, y su pecho que juega a ser mi almohada. Qué dulce es enamorarse de un hombre, ¡más aún si él está enamorado de ti!

Quizás no sean tan perfectos como yo los hago ver, pero son algo mejor que eso… son humanos. Como nosotras, que erramos, nos equivocamos y dañamos a alguien en algún momento de nuestra vida.

Yo sólo espero jamás darle razones a un hombre para que él, deje de confiar en alguna mujer. Así como yo, jamás, dejaría de confiar en algún hombre.

Y es que, ¡ellos dicen que nosotras somos lo más maravilloso que existe! ¿Cómo voy a callar yo lo mucho que adoro la existencia de los hombres? ¿Por temor a que vayan a juzgarme? ¡Patrañas! Me niego a ser parte de esa muchedumbre de mujeres que, por habérseles roto el corazón, ven a un hombre como lo peor que hay. Siempre he dicho que el errar es de humanos, y nosotras también estamos metidas en ese grupo.


Después de todo… Un error, nos muestra la desdicha de la vida, mientras que un hombre, me enseña la contraparte.
Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.

Juan Donoso Cortés

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