jueves, 15 de agosto de 2013

Miel y café.

Era ya la quinta cuadra que sentía mis pasos vacíos, sincronizados con la suave y fría lluvia que bañaba la ciudad. A pesar del clima tan indiferente y frío, sentí mi garganta escocer.

Me refugié bajo un majestuoso roble, residido en una plazoleta cercana. Suspiré…

Me prometí a mí misma jamás volver a dudar, no crearle más trampas a mi pequeño y derrotado corazón. Pero no pude evitarlo… No…

Un segundo, en el que tus ojos y los de ella se encontraron. Un segundo en el que el café de tus ojos se mezclaba con la miel de aquel femíneo mirar… Un segundo donde, yo dejé de existir, y ella lo fue todo para ti. Ya sabía yo que no podrías olvidar un rostro tan inmaculado y perfecto como ese.

No pude más que huir y llegar a este lugar.

Tenía el corazón chiquito y lastimado, asfixiado. Sobre mis hombros, cayeron como bloques esas noches en vela en las que tú, te aislabas de mí. Te escapabas a un mundo donde no me dejabas entrar… Un mundo donde sólo residían las memorias de esa chica de ojos miel.

Rompí a llorar.

No me quedaba más que llorar. Suplicar que este dolor dejara a mi pequeño corazón en paz, ya el pobre yacía moribundo y naufrago entre los mares de mi angustia. Temía perderte…

Te imaginé a ti, con ella. Dándole tus besos, tu mirar, tus más coquetas sonrisas, acoplándote a esas anchas caderas, perdiéndote en su perfume de mujer. Te imaginé cosiéndote el alma a sus promesas más precarias. Te imaginé, totalmente entregado.

El desasosiego era abrumador. Cuánto ardor en tan menuda garganta. ¡Dios, duele tanto! Me pesa tanto el desamor…

Quería pensar que estaba exagerando todo, que volverías pronto por mí. Me cubrirías de la lluvia paulatina, me besarías la frente con dulzura, y tomarías mi mano, calentando cada rincón de mi roto ser.

Pero no. No podía.

No, luego de ver en tus ojos, aquel destello jamás presenciado. Esa mirada de amor que nunca me dedicaste, pero que conocía perfectamente, gracias a cada sueño donde anhelé enamorarte.


Y ahora, no me queda más que desear ser la miel de tu café…

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