La algofobia como tantas otras fobias, es un temor que aparece frente a determinadas situaciones a las que nos enfrentamos en este caso a sentir dolor. Este temor o miedo comienza a ser perjudicial para nuestra vida cuando nos limita para hacer aquello que deseamos.
Hay veces que quisiera transmitir lo que me sucede con
una sola frase. Decirla, soltarla, y que se me comprenda.
Pero ¿cómo hablar cuando este horrible miedo me asfixia?
Con los años, se ha vuelto más difícil para mí, explicar lo que me sucede.
Cuando eres presa de una fobia, necesitas una gran fuerza
de voluntad para deshacerte de ella por completo. Fuerza que yo no tengo.
He intentado mantener la calma, pero apenas siento dolor
y se me nubla la vista, siento un sudor frío que me recorre todo el cuerpo.
Comienzo a marearme, y me dan ganas de llorar, muchas ganas de llorar. Me
vuelvo casi autista. No me importa nada. No me importa nadie. Solo quiero que el
maldito dolor deje de atormentarme.
Y lo más difícil de esto es que nadie lo entiende. Te ven
a los ojos y no comprenden nada. No es sentir desagrado por el dolor… es
temerle.
Trato de evitarle a toda costa, y he dejado de hacer
tantas cosas, cosas importantes, cosas valiosas, por temor a sentir dolor.
Lo más difícil de mi vida ha sido decir en voz alta: “soy
algofóbica". Porque eso soy, y nadie lo entiende.
Piensan que es una excusa, que con cualquier píldora,
caricia o palabra podría irse. Pero no es así. Te abrazas a ti mismo rogando
con todas tus fuerzas que se acabe el dolor, porque sientes que te mata, que te
arrebata la vida en cuestión de minutos.
Y es curioso que siempre escriba utilizando metáforas.
Pero ¿este miedo? Es tan literal como se lee. Es una burbuja de agujas filosas
que no te atreves a explotar, que te encierra y te quita oportunidades. Desde
el más mínimo pellizco, hasta una puñalada en las vísceras.
Y lo que más duele… es que nadie puede entenderlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario